Glenn Murcutt es un ermitaño. Vive con 80 canguros en una zona aislada de Australia, donde dibuja y edifica casas longitudinales que se funden en la naturaleza. Murcutt (Londres, 25 de julio de 1936) también es uno de los grandes arquitectos de la actualidad: premio Pritzker 2002, algo así como el Nobel de la arquitectura, siempre defendió un trabajo respetuoso del entorno frente a las fantasías urbanísticas que crecen en el mundo entero, desde el Levante español hasta las costas de Dubai y de Singapur. Por eso, no hay nada peor que la prisa y los grandes proyectos que cocinan unos promotores con estudios reconocidos, según Murcutt. "Yo trabajo solo. Y vengo a decir a los jóvenes que se puede ser arquitecto de otra manera. Hace 40 años, me vaticinaron que no sobreviviría sin crecer. Hoy, puedo decirles que hay un futuro más allá de los grandes proyectos", dijo el pasado miércoles en el congreso Arquitectura: más por menos de Pamplona, organizado por la Fundación Arquitectura y Sociedad. Hay una lista de espera de ocho años para conseguir una obra pensada y dibujada por Murcutt. En plena época de crisis, causada en gran parte por la burbuja inmobiliaria, arquitectos del mundo entero se reunieron en la capital de Navarra con el siguiente objetivo: decir basta a los excesos, al despilfarro de dinero y de energías. La palabra sostenibilidad se oyó mucho, aunque todos estaban de acuerdo en que era urgente no solamente pensar en otra forma de construir, sino también en otra manera de vivir. Consciente de la gravedad del asunto, Murcutt dejó durante unos días a sus canguros y acudió a Pamplona.
El lema del congreso es más por menos'. ¿Qué significa?
En conferencias como esas, siempre se dicen cosas relevantes y otras muchas irrelevantes. Pero lo importante es entender el papel del arquitecto como alguien que puede ir más allá de lo que se espera. Me refiero a la relación entre el arquitecto y el cliente, que debemos ver como una amistad;
esto es más por menos. La expresión también puede aplicarse para un edificio. Por ejemplo, mis clientes no suelen preguntarme mucho sobre lo que yo les doy, pero ven lo bonito que es un sistema de energía solar bajo la luz de la Luna. Esta luz es a veces más bella que la luz del sol; esto también es más porque no se lo esperaban. Mi arquitectura es como una composición de música. Un edificio es como el instrumento que deja entrar en su interior los ruidos de los pájaros o el sol de invierno.
La naturaleza juega un papel importante en sus viviendas.Es como si el paisaje de Australia fuera fundamental. ¿Por eso nunca trabajó fuera de su país?
Australia es un país que va desde la costa occidental de España hasta Israel, desde el norte de África hasta Finlandia. Existen todas las estaciones, todas las geografías, todas las temperaturas... Y yo trabajo con todo esto a la vez. Una casa mía debe ser capaz de escuchar, mirar lo que la rodea.
¿Así definiría la sostenibilidad?
¡Mi presencia aquí no es para nada sostenible! Coger el avión para venir es como quemar plástico todo los días durante un mes. Pero la sostenibilidad no es una palabra correcta, porque la orientación de un edificio depende del viento, de la luz. Yo hablo de arquitectura sensible. Los verdaderos materiales sostenibles son la luz, el aire, la tierra y el sol. Con todos ellos, podemos crear y por eso la orientación de un edificio es muy importante, sobre todo cuando se hacen varios uno al lado de otro. Hay que pensar en los cambios que necesitarán. El método de juntarlos debe ser sostenible, aunque para mí es de sentido común. De esta manera, nos ahorraríamos las grandes máquinas para destruir los que oficialmente ya no sirven. Hay que pensar en un edificio que pueda bien servir para la construcción de otro o bien adaptarse a sus cambios. La sostenibilidad es una actitud, una manera de comportarse con el planeta.
¿Qué deben aprenderlos arquitectos de la crisis actual?
Debemos construir edificios que aguanten la lluvia y el sol; hay que saber manejar un edificio. Pero lo más importante también es el mayor problema es educar a los clientes para saber cómo usar sus edificios.
¿Y esto es posible?
Bueno, mis clientes son gente educada... Creo que podemos conseguirlo. ¡Aprender a usar bien un edificio es como vestirse! Sabemos cambiar de ropa cuando hace falta, en invierno o en verano. Pues una casa es lo mismo. Una casa es como un traje; las mejores son a medida.
¿No cree, sin embargo, que los arquitectos también tienen su parte de responsabilidad en la crisis, con todos esos excesos como en Dubai?
¡Dubai es un fandango!, uno muy malo. Todo es cuestión de estatuto: hay que tener lo mejor, lo más grande... Es una actitud muy humana: ser siempre el mejor, llegar el primero. ¡Pero qué más da!
Algo habría que hacer. Podrían los arquitectos rebelarse...
Es una decisión personal, de cada uno. Yo nunca, jamás, haría un edificio como los de Dubai. Nunca aceptaría un encargo así. De hecho, nunca hice nada fuera de Australia.
¿Qué recomienda entonces?
Para construir el futuro, debemos volver a los años cincuenta, cuando solíamos vivir de una manera más sencilla. No digo repetir el diseño de entonces, sino que a veces el pasado sirve para ir hacia adelante.
Público
I-o-I
Cuarenta y siete horas y media empleó Glenn Murcutt en llegar desde Sidney (Australia) a Pamplona. Podían haber sido 24, pero buscó un vuelo barato, que le retuvo varias horas en Hong Kong y en Madrid. Quería limitar los costes a la Fundación. Lo de Más por Menos no es sólo un eslogan para él. Nacido en Londres en 1936, Murcutt, como su obra, es eminentemente australiano. Sus edificios son principalmente residenciales. Hoy intervendrá en el congreso.
De todos los arquitectos que participan en el congreso quizá sea usted quien mejor se adapta al lema de +x-, ¿no cree?
Eso lo dejo para que otros lo juzguen. Desde luego que me adapto a ese principio. Posiblemente Rahul Mehrotra también se ciñe bien a ese principio.
Llama la atención todo un premio Pritzker que trabaje en un estudio unipersonal, junto a su mujer Wendy. ¿Se considera colega por ejemplo de Foster, con sus más de mil empleados?
Sé que arquitectos como Foster están intentando importar en edificios grandes temas de responsabilidad ambiental, pero yo trabajo en un área totalmente distinta. Yo trabajo cerca de la sociedad, de la cultura, del emplazamiento, del clima, de la tierra, de la geología, de la geomorfología. Me ocupo de lo particular. Puede que cierta gente crea que así no contribuyo tanto, pero para mí y mis clientes significa muchísimo, es un gesto de responsabilidad con el planeta.
¿Cómo?
Muchos de mis edificios pueden desmontarse en un momento dado y, aproximadamente en diez años, ese terreno vuelve a estar exactamente como al principio. Lo que quiero es minimizar mi impacto en el planeta. No necesito hacer edificios grandes. Mis deseos es hacer cosas comunes, del día a día, de forma extraordinaria. Mi padre decía que era importante ir a la playa sin que nadie te reconociera. Para mí mi privacidad, la tranquilidad es tremendamente importante.No quiero publicidad, me quita tiempo para trabajar, quiero tranquilidad. No quiero que la gente llame a mi puerta. Quiero trabajar.
¿Y qué tal se siente en este gremio con fama de grandes egos?
No me preocupa. Que lo tengan. Para mí lo importante es lo que una persona piensa, lo que hace, y se comporta con respecto al planeta. Muchas veces me he encontrado con otros colegas que se mueven como pavos reales. Yo mantengo mi postura de silencio, de hablar poco, y al principio lo toman incluso como una amenaza, no saben cómo manejar la situación. Pero siempre he comprobado, no voy a decir nombres, que a los tres días de convivir con ellos es como si se desinflaran y descubro a una persona amable y diferente. Estos enormes egos en realidad tienen que ver con inseguridad. El ego de la fuerza impulsora de todos modos es positivo en el sentido de que es el de la supervivencia, el que te impulsa a hacer las cosas bien.
Habla del Planeta, pero en 40 años el 70% de la humanidad vivirá en ciudades. ¿Tendrá que replantearse su trabajo?
Yo he hecho remodelaciones en edificios que están integrados en centros urbanos. Lo que no me interesa son los megaedificios, pero sí estoy interesado en muchas escalas. Por ejemplo con mi esposa ahora estoy haciendo el Australian Opal and Fossil Centre, en Lightning Ridge, y lo que me interesa es cómo puedo contribuir y hacer cosas que son realmente adecuadas para un contexto. Lo que me interesa es la arquitectura de la investigación. Una de las dificultades que tiene mi estudio, porque es pequeño, es que cuando trabajo con instituciones a veces tienen un proyecto en el cajón mucho tiempo y de repente cuando se animan lo quieren para ayer, no quieren esperar y yo no puedo trabajar así. No me interesa.
Dice que prefiere a los particulares como clientes, con cuyas vidas llega a involucrarse. En alguna ocasión dijo que para construir en España, por ejemplo, debería hablar español.
Claro. Si ha estado trabajando en otros países, que hablan otros idiomas, ¿podría imaginar a los alemanes diseñando un Citröen? ¿Podría imaginar a los franceses diseñando un Mercedes Benz? Las culturas y los lenguajes crean una manera de pensar. Existe una relación entre los españoles y los italianos, por eso producen coches similares, no son como los alemanes.
Usted aprendió mucho de cierto carpintero...
Era mi padre. Me lo enseñó todo. Aprendí a trabajar con piezas de madera que a lo mejor estaban un poco curvadas, aprendí a saber cómo ponerlas paralelas, cómo utilizar distintas herramientas y a trabajar con todos los pegamentos para hacer marcos y sistemas estructurales, escaleras, sistemas de ventanas... todo eso lo aprendí en el taller de mi padre, que era carpintero pero realmente era constructor. Quiero hacer una anotación sobre los clientes. Sí que hay clientes, a lo mejor de gobiernos locales, con los que sí me gusta trabajar. Con los que no me gusta trabajar es con las los grandes constructoras. Mi padre me dijo una vez que cada encargo que yo adquiriera, luego, el resultado de ese trabajo determinaría la calidad del próximo cliente. Es decir, si hiciera algo por debajo de mi nivel de capacidad después el próximo cliente me pediría exactamente eso. Yo tengo que dar siempre el máximo. Mies Van der Rohe dijo que detrás de cada gran edificio hay un gran cliente. Y tenía razón.
Diario de Navarra


