Por Billy Wilder y Hellmuth Karasek
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- La Garbo vivió este distanciamiento hasta el extremo.¿En privado? Una vez me la encontré en privado, fuera de las ocasiones solemnes de las entregas de premios y de los estrenos de películas. Vivía cerca de donde vivía yo, en el 804 de Bedford Drive, en Beverly Hills y cada mediodía hacía jogging en el Rodeo Drive. En aquella época todavía no se llamaba jogging. En todo caso la vi, detuve mi coche y le pregunté, mientras conversábamos -ella con aspecto sudado y sediento- si no quería venir a mi casa a tomar una copa. Yo vivía a la vuelta de la esquina, en el 704 de Beverly drive. ella aceptó sin cumplidos, y cuando llegamos a casa llamé a mi mujer, que estaba en el piso de arriba:
"- Audry, adivina a quien he traído a casa a tomar una copa.
"Y ella preguntó:
"-¿A quién?
"- A la Garbo.
"Y ella dijo:
"- Y a Howard Hughes y al papa.
"Porque creyó que le estaba gastando una broma estúpida, ya que la Garbo era conocida por su timidez, pero había sido precisamente la espontaneidad y lo poco convencional de la situación lo que movió a Greta Garbo a acompañarme. Las invitaciones oficiales por escrito, las rechazaba, porque le daba tiempo a montar su estrategia de rechazo.
"Me dí cuenta pronto de que aguantaba muy bien un trago fuerte y se reía con la misma fuerza, mientras se tomaba un martini y después otro; sudaba con su chandal y diciendo cosas como:
"- Siempre digo que una golondrina no hace verano o siempre creo que hay que forjar el hierro mientras está caliente.
"Era una mujer que decía refranes como si se tratara de conclusiones espontáneas. Yo contesté:
"-Ah, ¿una golondrina no hace verano?¿eso es lo que dice usted siempre?
"Y ella asintió:
"- Sí, creo realmente que una golondrina no hace verano.
"Y yo:
"- Lo encuentro muy bueno.
"Quizás recuerdo esta conversación porque alagaba mi orgullo. En contraste, ¡qué frases tan elegantes y qué réplicas tan graciosas habíamos escrito para Ninotchka y habíamos puesto en boca de la Garbo!
I-o-I
En 1939, Ernst Lubitsch, Charles Brackett, Water Reisch y Billy Wilder, después del estreno de Ninotchka en Long Beach, volvieron a Hollywood juntos en una gran limusina. Estaban de buen humor, ya que la película había tenido un espléndido recibimiento. Lubitsch había encendido la luz, en la parte trasera del coche y leía las tarjetas en las que los espectadores del preestreno habían escrito su opinión de la película. Leía una tarjeta detrás de la otra y después nos las iba pasando. De pronto, mientras leía empezó a reirse a carcajadas. Se reía tanto que no podía contestar a Wilder, que le preguntaba qué era tan gracioso. Jadeando, le alargó la tarjeta, Wilder leyó:
" Una película muy graciosa. Me he reído tanto que me he meado en la mano de mi novia"
